4 antídotos contra la ingratitud

¿Has estado alguna vez en la planta de oncología de un hospital? ¿Has tenido que vivir la penosa experiencia de ver el dolor de unos padres que han perdido a sus hijos?
Inicio con estas dos confrontantes preguntas porque creo que en muchas ocasiones nos hace falta recordar que realmente hay situaciones que son verdaderamente lamentables, circunstancias en las que la vida de las personas que más amamos se ven envueltas. Y considero que en ocasiones es importante cuestionarnos así porque en la sociedad en la que vivimos parece ser que le estamos dando tanta prioridad a situaciones tan insignificantes y que sin embargo son las principales consumidoras de nuestra energía y alegría. ¿Cómo reaccionamos cuando nuestro teléfono móvil se queda sin señal? ¿Somos de aquellos que sentimos que el mundo se acaba porque la señal de internet no funciona? ¡Que desgracia señores! Me he quedado sin señal justo cuando iba a publicar esa foto tan guay con mis amigos. Y ni qué decir cuando pedimos el ascensor y tarda en abrirse la puerta. Nos desesperamos, empezamos a refunfuñar, insistimos una y otra vez oprimiendo el botón desesperadamente como si así el ascensor se fuese a dar más prisa y bueno ya lo peor es si perdemos el avión, ¡eso si ya es insoportable!

A lo mejor ya lo sabías pero permíteme recordar que los índices de estrés y depresión que se han reportado durante los últimos años son sorprendentes. La depresión es el trastorno mental más frecuente y una de las principales causas de discapacidad, afecta a 350 millones de personas de todas las edades en el mundo, afirmó la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en esta misma línea el estrés, ha sido catalogado también por la OMS como una epidemia global. Y vaya si es una epidemia! No es exagerado decir que además de la crisis económica mundial, estamos atravesando una crisis emocional impactante y así seguimos considerando que la educación en emociones es un tema irrelevante cuando cada vez aumentan los suicidios en adolescentes, los trastornos alimentarios, el consumo de sustancias psicoactivas, etc.

Es verdad que hay situaciones como las que mencionaba al principio que con toda razón nos hacen sentir compungidos y las personas que están pasando por ello o por una situación similar tienen motivos de peso para estar tristes. Pero si no es nuestra situación creo que es importante que nos detengamos y pensemos si es realmente necesario y proporcionado reaccionar como lo hacemos por motivos tan insignificantes, ¿Es justo que seamos tan desagradecidos?
Ser agradecidos además de ser una de las características positivas más sobresalientes en personas hoy día, brinda efectos muy beneficiosos para la persona que vive en gratitud y si nos parece una tontería leamos lo que dice Alex Korb doctor en Neurociencias. Según lo que menciona el experto de acuerdo con diferentes estudios realizados, las personas agradecidas suelen ser más felices y saludables y además esta actitud reduce dolencias físicas en las personas que empiezan a practicar la gratitud. pero además enfatiza en que “Agradecer no es compararse con otros que están en una situación más difícil, sino que requiere apreciar los aspectos positivos de la situación que tiene actualmente”.

Así que dicho lo dicho quisiera terminar mencionándote cuatro beneficios que de acuerdo con los expertos ofrece el practicar la gratitud:

1. Desarrollas una actitud positiva: Me gusta como lo ilustra Korb, según él “nuestro cerebro es como un niño pequeño porque “se distrae con facilidad”; entonces, si se es alguien agradecido no tendrá tiempo para pensar en sensaciones negativas y crea un “círculo virtuoso” en el que si empieza a dar las gracias, seguirá buscando cosas para agradecer”

2. Eres más feliz: Cuántas veces hemos escuchado: “seré feliz cuando gane más dinero” seré feliz cuando tenga un esposo” “seré feliz pueda hacer ese viaje tan anhelado” seré feliz cuando…” Pero es que la felicidad no tiene nada que ver con ello porque una persona feliz no se enfoca en lo que le hace falta sino en lo que tiene hoy. Helen Keller mencionó que “cuando una puerta de felicidad se cierra, otra se abre, pero muchas veces miramos tanto tiempo la puerta cerrada que no vemos la que se ha abierto para nosotros”.

3. Estrecha los vínculos de amistad: Cuando somos agradecidos no sólo nos trae beneficios a nosotros sino a las personas con quienes somos agradecidos. Alimentamos la autoestima del otro, reconocerle a alguien que por él o ella aprendimos un tema específico es un verdadero acto de gratitud. Hazlo! Di gracias! Reconozcamos que no lo sabemos todo. Pensemos en las veces que nos han agradecido por algo, ¿qué sientes cuando esa persona te dice gracias?, cuando reconocen lo brillante de una idea que has dado, cuando en tu trabajo valoran tu esfuerzo, ¿te sientes bien?entonces hazlo con otros también. Sumado a ello nos volvemos personas agradables, porque da gusto hablar con personas así, que no están todo el tiempo mirando su ombligo sino que tienen tiempo para valorar a otros. Bien lo expresó el novelista francés Jule Sandeaus: “La gratitud es como aquel licor de Oriente que sólo se conserva en jarros de oro: perfuma las almas grandes y se agria en las pequeñas”

4. Te enfocas en los aspectos positivos de tu vida: El enfoque se refiere a la atención, si eres madre, posiblemente cuando estuviste embarazada tuviste la sospecha que habían más mujeres embarazadas que nunca. A mi me pasó, salía y a donde quiera que iba veía como mínimo 5 mujeres en embarazo. Todo parecía una casualidad! Y realmente no es que hubiesen más mujeres en embarazo, sino que como mi mundo giraba en torno a ello, mi atención estaba centrada en ello y una realidad que siempre ha estado allí ahora se abría ante mis ojos. Así mismo ocurre cuando practicamos la gratitud, como estamos centrados en los aspectos positivos de nuestras vidas, más que en seguir quejándonos por X o Y razón entonces veremos motivos múltiples para estar agradecidos y debido a que nuestro cerebro se adapta con facilidad, darle razones para estar agradecidos, hará que esta práctica se convierta en un hábito en nuestras vidas.

Milena Gonzalez

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